La Bobal

LA BOBAL: UNA VARIEDAD AUTÓCTONA Y ÚNICA

La bobal es el resultado de un largo proceso de formación del paisaje y la identidad cultural que ha producido un fenómeno de adaptación y evolución darwiniana con el resultado de una variedad autóctona perfectamente adaptada al suelo y al clima de la comarca. Una cepa que han trabajado multitud de generaciones de la comarca que han creído y defendido esta especie como fuente de provisión de alimento y vino.

La bobal, conocida también como Requena, Requení, Provechón, Espagnol, Carignan d´Espagne y Bobale di Spagna, determina culturalmente el vino de Utiel-Requena, pues su cultivo a nivel mundial se reduce prácticamente a esta comarca y a unas pequeñas islas de producción en otras zonas. Sin embargo, es sólo en este territorio, tal como refleja una de sus denominaciones científicas (“Requena”, “Requení”) donde hay una orientación antigua y continuada de su cultivo durante siglos, con una vocación comercial anterior a la expansión vitícola de la segunda mitad del siglo XIX.

Etimológicamente, se cree que procede del latín “bos, bovis” (buey), pues la forma de su racimo se asemeja a un ojo de buey.

Las primeras noticias escritas de la Bobal nos las proporciona Jaume Roig en su obra “L’Spill o Llibre de les Dones” escrito entre 1457-1462, donde menciona y alaba la variedad bobal frente a otras. Al siglo XVI pertenecen las pepitas de bobal halladas en la bodega del Convento del Carmen de Requena.

El botánico y ampelógrafo ilustrado Simón de Rojas Clemente (1777-1827) hablaría también de los vinos de la comarca que se elaboraban con uvas de bobal y que eran los más vendidos en los pueblos de la Serranía del Turia (Valencia). Fue el primero en describir la bobal con el nombre de Vitis vinifera austerisima.

En 1877 la comisión provincial para la Exposición Vinícola Nacional definió dentro de la zona valenciana como área de mayor concentración de la bobal los Campos de Requena y Utiel con 18.000 hectáreas.


La creación de la la Estación de Viticultura y Enología de Requena en 1910 y el trabajo de afamados enólogos en el siglo XX como Rafael Janini, Fernando Morencos, Pascual Carrión, Félix Cuartero, José Vicente Guillem o María Ángeles Novella, entre otros, potenciaron la variedad bobal en la comarca como la perfecta para elaborar vinos de calidad. Ya a principios del siglo XX se produjeron los primeros envejecimientos con la bobal en la finca “La Noria” de Utiel de Ricardo Ylario o en la de Lucio Jordá que comercializó con la marca “Requena”.

En los últimos años están saliendo al mercado marcas de vinos de bobal de una enorme calidad.


La Bobal sigue siendo preponderante en la comarca con una representación del 75% de la superficie total de viñedo. Acredita una perfecta aclimatación y adaptación a los suelos y el clima, incluso tras la modificación de los patrones de plantación y cultivo.

Es una planta de brotación y maduración tardía, resistente a las heladas, pero sensible a los fríos primaverales tardíos. Su retraso madurativo posibilita una menor pérdida de los ácidos, sobre todo del tartárico. Su cepa es de vigor medio-alto, y porte semierguido, con algunos sarmientos rastreros, con sarmientos largos, fuertes, ramificados, color marrón oscuro y diámetro medio. Estos sarmientos pueden llegar a cubrir totalmente el suelo, manteniendo así el frescor y la humedad necesarios para soportar la sequía estival.

La hoja adulta es grande, pentalobulada, de color verde oscuro, sin brillo. De superficie lisa y envés arañoso, y el pecíolo corto, grueso y glabro. Su color va cambiando a lo largo del año ofreciendo una paleta variadísima y bella.

Los racimos son compactos de tamaño medio-grande, compacto, pedúnculos visibles, irregulares y que nacen a partir de la segunda yema. Los granos son irregulares, de forma discoide, coloración regular negro intenso, con pruina, piel gruesa, pulpa blanda y blanca y zumo incoloro. Tienen un tamaño medio de 10 a 15 mm., con un peso medio de 2,916 gramos que contrasta con otras variedades.


El marcado color azul-negro de la piel se debe a la alta concentración de antocianos presentes en ella.

Es una cepa vigorosa y rústica, de producción media-alta, si el terreno de cultivo no ha tenido viña anteriormente y media baja si anteriormente se ha cultivado viña. En zonas fértiles llega a producciones muy notables y es muy resistente a la sequía. En condiciones normales es poco atacada por enfermedades criptogámicas.

Es una de las variedades con más contenido de resveratrol que se ha revelado como un potente metabolizador de grasas cardiosaludable y anticancerígeno y, por tanto, se recomienda la inclusión en la dieta diaria de vinos tintos de bobal.

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