PAISAJES

NUESTRO PAISAJE CULTURAL

La vid ocupa casi 35.000 hectáreas de terreno sobre una superficie global de 176.500 hectáreas distribuidas en los nueve municipios. Almendros y olivos, tan importantes en el secano español, suman apenas 16.000 hectáreas, mientras el otrora poderoso cultivo del cereal se reduce a unas 4.000 hectáreas, casi la misma superficie ocupada por un regadío residual circunscrito a las vegas de los ríos Magro y Cabriel.

Sin embargo, es la mezcla de todos estos ingredientes unidos, rodeados a veces y salpicados muchas otras por el amplio y bien conservado espacio forestal, la que otorga al paisaje de la comarca vitivinícola de Requena-Utiel unas características únicas.

En este mar de viñedos, donde primer plano y horizonte se confunden a veces y se llenan de color en otoño y primavera, se producen al año unos 150 millones de litros de vino, de los que una gran mayoría sigue comercializándose a granel, pese al auge del vino embotellado, 26,5 millones de botellas vendidas, experimentado en los últimos años.

Recientes descubrimientos arqueológicos que remontan el cultivo de la vid y la elaboración de vinos en la comarca al siglo VII antes de Cristo, han acreditado una tradición de la que son herederas un centenar de bodegas, los 6.500 viticultores acogidos a la D.O.P. Utiel-Requena y cientos de personas más que mantienen una relación directa o indirecta con la vitivinicultura.

Fruto de esta larga y acreditada tradición, la comarca ha sido escenario de un proceso evolutivo, todavía vivo, generador de un excepcional paisaje que nace como resultado de la interacción entre el hombre y tierra.

La vid y su cultivo, así como el vino, su elaboración y comercio, están presentes en la comarca desde hace al menos 2.700 años, como acreditan los restos arqueológicos y los fondos documentales. A finales del XIX, con la gran expansión del viñedo provocada por la llegada del ferrocarril a la comarca, el cambio de la propiedad de la tierra (desamortizaciones de terrenos de la iglesia y venta de Bienes de Propios) y la crisis de la filoxera en Francia, el vino y la vid pasan a ser parte esencial de la cultura oral, pero también de la oficial: de las fiestas, la arquitectura y del día a día de sus habitantes, marcado por el ciclo y el valor económico de sus cosechas.

En este contexto geográfico y humano, apelar a la palabra monocultivo para describir la realidad física del territorio es casi como romper esa atmósfera armónica que define a la comarca. Todo aquí es vid y es vino todavía, pero en perfecto equilibrio y simbiosis con el resto de actividades y así será mientras los hijos y nietos de quienes han trabajado la tierra hasta ahora, lo sigan haciendo para conservar un paisaje cultural del que se sienten protagonistas.

NUESTRO PAISAJE NATURAL DE LA VID Y EL VINO

Nuestro Paisaje Cultural se extiende, al mismo tiempo, sobre un entorno natural con un elevado valor medioambiental y paisajístico. Nuestra meseta (porción de la Submeseta Meridional Castellana), presenta la forma de una plataforma que bascula de NO a SE, cuya altitud media, tomando como referencia los núcleos poblacionales, se sitúa en torno a los 750 metros.

Aunque predominan las formas onduladas y llanas, no es una llanura perfecta, pues varios accidentes rompen la horizontalidad del paisaje; es el caso de las sierras de la Bicuerca, del Rubial y de Torrubia (o de la Ceja), los valles del Magro y Cabriel, y las ramblas de Albosa y Caballero. Entre ellos se sitúan los llanos de Campo Arcís, Camporrobles, El Rebollar, Las Monjas, Requena, Utiel, etc.

De especial importancia son las sierras que limitan la meseta por el norte, y este, de elevada fragilidad visual, y donde encontramos el Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) de la Sierra del Negrete y las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPAs) de la Sierra de Malacara y Sierra de Martés. Limitando por el sur y el oeste encontramos el accidentado cauce del río Cabriel que, a lo largo de un centenar de kilómetros sirve de frontera natural entre Comunidad Valenciana y de Castilla La Mancha. Encontramos aquí el Parque Natural de las Hoces del Cabriel, territorio de singular importancia por su flora, fauna, paisaje, características geológicas y sus valores socioeconómicos y culturales, muy vinculados al medio rural tradicional. Asimismo, encontramos multitud de puntos de interés natural, como pueden ser las distintas microrreservas diseminadas por toda la región. Ejemplo de ello son El Molón (de Camporrobles) o Los Lavajos de Sinarcas (incluidos además en el Catálogo de Zonas Húmedas).

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