Los nuevos grandes tintos… y mucho más

Todo parecía en calma. El siglo XX entraba ya en su recta final y la comarca seguía comercializando mayoritariamente vino a granel. Bajos precios. Baja autoestima. Bajo rendimiento económico. Pero había una corriente aún invisible que estaba tomando forma: personas que creían en la tierra y en sus propias posibilidades. Vitivinicultores que querían aspirar a más, querían aspirar a todo. Lo intentaron y triunfaron. Con cepas internacionales en primer lugar y después con la uva bobal 

 

El sorprendente triunfo de la bobal 

Los nuevos vinos que sorprendieron al mundo de la enología fueron tintos de bobal criados con mimo. Aquellos vinos con una capa alta y color intenso demostraron poseer una potente estructura y volumen notable, sin dejar de ser vinos alegres. Originales en boca y nariz, presentaban aromas de fruta madura matizada por el cuero, los frutos secos, el regaliz y las especias. Eran vinos que no solo se podían envejecer, sino que, gracias a su riqueza de taninos, podían convertirse en productos de enorme complejidad, alta expresión y vida muy muy larga. 

Hasta los más descreídos de la bobal tuvieron que admitir que habían vivido en el prejuicio hasta ese momento.  

De modo que, a aquellos pioneros visionarios Carlos Cárcel, Felix Martínez, Toni Sarrión les siguieron otros pequeños viticultores y bodegueros. Y las empresas de mayor tamaño. Y las cooperativas. Todos con la mirada vuelta a la bobal, a la propia historia, a la tierra y su tipicidad. 

 

 

Todas las expresiones de la bobal y del terruño 

Los últimos veinte años, toda la comunidad vitivinícola de Tierra Bobal se ha dedicado a buscar la expresividad de la cepa autóctona. Después de los grandes tintos se han ido presentado tintos jóvenes monovarietales de hermoso color rojo oscuro con ribetes morados muy vistosos que son frescos y aromáticos. O unos modernísimos rosados de bobal, con una gran intensidad y franqueza de aromas a frutas rojas y un color rosa muy atractivo. Vinos que, cuando están correctamente elaborados, se convierten en éxito seguro. 

La bobal domina el territorio. Aunque la merseguera y sobre todo la tardana, también tradicional en la región, están siendo revalorizadas. Junto a ellas, las cepas internacionales llevan tiempo dando agradables sorpresas en la región.  

Y es que, antes que los enamorados de la bobal hicieran su revolución, ya otras familias esforzadas habían plantado varietales internacionales y estaban realizando sus propias apuestas por una vinificación exquisita. El resultado fueron productos que fueron bien recibidos, pero que (al menos inicialmente) recibieron menos atención de la que merecían. Sin embargo, cuando los nuevos vinos de bobal comenzaron a destacar entre la crítica internacional, acabaron por demostrar que este territorio era mucho más que una promesa de futuro. 

 

Un mar de viñas…y de propuestas 

Hoy, la Tierra Bobal cuenta con una nueva generación de agricultores y bodegueros que está caminando por las sendas más sofisticadas: el regreso a las tinajas de barro y la búsqueda de nuevos coupages: blancos delicados con o sin madera e incluso de vendimia nocturna; unos espumosos que sorprenden con colores variados y mil matices; y, en una pirueta impensable hace pocos años, hasta unos vinos dulces de podredumbre noble dignos de reyes. Es como si esta tierra despertara de un largo letargo y recuperara todo lo aprendido durante más de 2.500 años de tradición. 

Son unas 40.000 hectáreas de viñedo. La mayoría dedicadas a la cepa estandarte y muchas de ellas con una edad que las hace muy prometedoras. Y, para encarar el futuro, más de un centenar de bodegas dispuestas a mirar muy lejos.

El vino de aquellos tiempos